sábado, 23 de junio de 2012

¡¡¡¡23.000!!!!


Ya sabéis todos que este blog es un solitario bloc (de notas) abierto a quien quiera pasar por aquí. 
Mi pretensión no ha sido nunca la de la popularidad ni la de la macrodifusión. No. No va conmigo. 
Sin embargo, no puedo dejar de asombrarme con cuatro signos de admiración cuando, al cambiar de contador de visitas (porque el anterior me daba la impresión de funcionar bien: a veces incluso retrocedía...), veo que el registro de entradas que me muestra Google es de casi ¡¡¡¡23.000!!!! ¡¡¡¡Más del doble de las que creía!!!!

Me he quedao pasmao...

Cinco minutos después, empiezo a pensar que el contador que no da la cifra correcta es el nuevo. Debe de ser eso. Claro... Digo yo...

La muerte de los árboles


Nunca me había preguntado cómo mueren los árboles. Me suponía un lento caducar de hojas hasta la leñosidad final como un continuo envejecimiento. Había oído que los árboles mueren de pie y poco más...
Pero supe ayer que su muerte es una auténtica metáfora más allá de eso: mueren deshaciéndose inversamente por dentro. Se pudren desde el anillo central más joven, el último que vivieron, hasta el más externo y antiguo, el que les hizo nacer. De alguna manera, recorren lo vivido en sentido contrario, borrando el pasado más cercano y terminando por desvivir su nacimiento.
Terrible forma de morir.
Como la de esos ancianos dementes que se vuelven niños y nos ofrecen, paradójica, tras su apariencia gastada y ajena, su mirada infantil vacía; olvidan el nombre de sus hijos, no saben si es lunes o sábado... pero recuerdan, en un limbo de entresueño, el nombre de sus compañeros colegio o el de un gato que vivió en el altillo de la cuadra. Desvivir como forma de morir, sin ese componente de destino, ni de sorpresa (que siempre lo es, por mucho que se vea venir), ni de juicio final. Morir como borrarse. De la cabeza a los pies, y luego la mano que borra. Retrocediendo hacia el momento inicial, a tu madre, que te abraza y huele a ella y a ti; a tu padre, origen que un día descubrirás que llevas dentro, que eres él, como él fue su padre. Eliminarse. Sin nadie alrededor de tu cama llorando, porque no has nacido; como mucho estás naciendo en ese mismo momento en que te borras. El bigbang y el universo que se contrae y colapsa en un punto. Resultado: cero.
No quiero morir como un árbol.
Quiero recordar quién he sido y que estés a mi lado, hija.

domingo, 10 de junio de 2012

Saltos de página - Manuel Machado

Retomo esta vieja sección del blog en la que os colgaba imágenes de incunables, manuscritos, autógrafos, grabados, etc, de libros especiales.
En este caso, Manuel Machado por soleares populares de quereres y de andares (se la debo...):

(Por si no se lee bien: 
La veredita es la misma...
Pero el queré es cuesta abajo.
Y el olvidar cuesta arriba!)

jueves, 7 de junio de 2012

Malos poemas para rato

(Con permiso de Manuel Machado, que algunos de sus poemas no son malos y algunos de esos son hasta muy buenos.
Conste.)
Mis poemas sí son malos. No se trata de una captatio benevolentiae. Lo sé. Son malos. Unos peores que otros. He leído demasiados buenos poemas como para no darme cuenta. He escuchado demasiados versos con música interior como para no percibir que los míos, son, si acaso, un repiqueteo laborioso de pájaro carpintero con vocación de ebanista.
Por eso quiero daros las gracias a todos los que os habéis parado a leerlos en estas últimas (demasiadas, seguramente) entradas de este bog, que suele ser menos monográfico-profundo y busca algo de chispa en la prosa y algo de conciencia en el pensamiento. Sin más. (¡Cómo me gusta esa frase: sin más!)
No suelo sentir la necesidad de agradecer la lectura de mis relatos o reflexiones o comentarios o críticas o reseñas... La pregunta entonces es: ¿por qué necesito agradeceros que hayáis leído mis poemas? ¿Sentimiento de culpa por haber blasfemado a vuestros oídos? ¿Esa sensación que tengo de haberme desnudado y ser una vieja arrugada y acomplejada en una playa nudista colmada de apolíneos contoneos? ¿Esa impresión y cara de tonto que se le queda a uno cuando, con todas las carreras y estudios que quieras, un viejo te da por sabido algo evidente que da vergüenza admitir que no sabías (si viene el viento de allí es que va a llover, no recojas para leña los palos que no crujen al partirse...)? ¿Quizá la extraña idea de que escribir un poema (y que te lo lean) no es lo mismo que escribir (y que te lean) cualquier otra cosa?
No lo sé. Como no sé casi nada (que no soy tan orgulloso como Sócrates...). Pero gracias.
A lo mejor hasta me animo y os cuelgo más poemas. Tengo miles, aunque todos juntos no valen un pimiento... Parece una amenaza ¿eh? Ya veremos. Ese librito de Ni nos queda ya Paris, tiene segunda parte; "Cenizas mojadas" solo (?) es la primera... Todavía estás a tiempo de escapar, querido lector.

martes, 5 de junio de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 8

Añoro tener frío,
estar rígido y seco,
desde que la humedad
dejó marcados tus besos,
derritió mis inocencias
y me abrasó entre tus senos.

Hibernaré y cuando despierte será
la primavera
pasada.

Resultas externa, infiel, concreta,
 y das a menudo la impresión
de las cenizas mojadas.


viernes, 1 de junio de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 7


El olvido que no llega...
Pendiente a cada rato de tu azar;
absorto en la aleatoria de tu voz
de tonos imprevistos...
Mirando al cielo por no verte venir...
Sentado ante el espejo para sentirme ridículo y
tal vez así...

sábado, 26 de mayo de 2012

Niños muertos

Hoy no tengo ganas de hablar.
Esto pasó ayer.
En Siria.
En total murieron 32 niños.
¿Y qué?


jueves, 24 de mayo de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 5


No finjas.
Sé que no miras nada,
aunque tienes los ojos abiertos.
Y esos suspiros...
Deben ser falsos.
Tú no tienes sentimientos.
¿Ves yo?
No pregunto. Me estoy quieto.
No te rozo. Ni me acerco.
No disimulo. Lo sabes.
Sabes que te tengo miedo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 4


Envuelvo mis labios con tus besos soñolientos
que recuerdan al perfume adormecido de tu nuca.
Y arrastro las cadenas que cuelgan de tu cuello,
como el fantasma que a veces pasa por tus ojos.
Me hundo en el pozo de esos astros alejados del sol,
mirando arriba el redondo acariciar
que concede tu sonrisa.
Y peleo con la lógica testamentaria de tus labios,
que me dicen que me quieres;
y me odian.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 3


Aprecio el gesto.
Tus labios marcan sombra
en la mejilla.
He visto la sonrisa pero,
gracias,
no beberé más mentiras.

sábado, 12 de mayo de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 2


Tu espalda
marca límites de horizonte
al llano de mi cama.
Entrando por la ventana,
ascienden por tus brazos
vientos de lluvias cercanas.

martes, 8 de mayo de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 1


La única prueba de amor
de que no podría dudar
es, si dormida,
olorosa,
te vuelves
y me besas el hombro.
Sin abandonar el ritmo
de respiración del sueño,
sin saber...
que estoy despierto.

viernes, 4 de mayo de 2012

La magia de los pianos


Si algún día tengo la posibilidad, me compraré un antiguo piano de cola, aunque no sé tocarlo, aunque nadie lo toque, para que amanse el aire de la habitación en que esté callado, para que la música que lleva dentro se esparza como un perfume por la casa, para que de vez en cuando venga el afinador y el aire brille de chispas dispersas de tonos flojos. Colocaré en su atril partituras amarillentas de Bach (por si las necesita, que quizá), en hojas sueltas, desordenadas y un poco arrugadas, como si alguien, mucho tiempo atrás, las hubiera dejado en la pausa de un ensayo y no hubiera vuelto nunca.  No me atreveré a acercarme mucho. Ni se me ocurrirá pulsar sus teclas; sería un accidente, convertiría su existencia en ruido. Si viene a casa alguna visita y sugiere tocarlo, disimularé: el café ya está, se está más fresco en el jardín, está desafinado (mentira)... Ese piano no se toca. Sólo está. Y es suficiente; demasiado para mí, tal vez.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Nada, gracias

"Si vivís hasta los ochenta, habréis dormido treinta años, ido a la escuela y hecho deberes cerca de nueve años y trabajado casi catorce años. (...) Después gastaréis, como mínimo, doce años en limpiar, hacer la comida y cuidar a los hijos; os quedarán como máximo nueve años para vivir. (...) Y todavía osaréis emplear esos nueve años en fingir que tenéis éxito actuando en este teatro sin sentido..."
Nada, Janne Teller
Lectura recomendada.


Post Scriptum: Este blog se está convirtiendo en lo que debió ser desde el principio: no una muestra absurda de lo que escribo, sino un extracto interesante de lo que leo. Más vale.

lunes, 30 de abril de 2012

¿Diez mil y pico?

¿Diez mil y pico visitas? ¿Seguro? ¿Estáis ahí? ¿Seguís ahí? No lo entiendo...

jueves, 26 de abril de 2012

Cinco amigos y un...


He sentido una sensación tan kafkiana después de releerlo por tercera vez, que no tengo más remedio que compartirlo con vosotros, como un tesoro de matices grises imposibles:

Somos cinco amigos, hemos salido uno detrás del otro de una casa; el primero salió y se colocó junto a la puerta; luego salió el segundo, o mejor se deslizó tan ligero como una bolita de mercurio, y se situó fuera de la puerta y no muy lejos del primero; luego salió el tercero, el cuarto y, por último, el quinto. Al final formábamos una fila. La gente se fijó en nosotros, nos señalaron y dijeron: «Los cinco acaban de salir de esa casa». Desde aquella vez vivimos juntos. Sería una vida pacífica, si no se injiriera continuamente un sexto. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que es suficiente. ¿Por qué quiere meterse donde nadie lo quiere? No lo conocemos y tampoco queremos acogerlo entre nosotros. Si bien es cierto que nosotros cinco tampoco nos conocíamos con anterioridad y, si se quiere, tampoco ahora, lo que es posible y tolerado entre cinco, no es posible ni tolerado en relación con un sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis. Y qué sentido tendría ese continuo estar juntos. Tampoco entre nosotros cinco tiene sentido, pero, bien, ya estamos juntos y así permanecemos, pero no queremos una nueva unión, y precisamente a causa de nuestras experiencias. ¿Cómo se le podría enseñar todo al sexto? Largas explicaciones significarían ya casi un a acogida tácita en el grupo. Así, preferimos no aclarar nada y no le acogemos. Si quiere abrir el pico, lo echarnos a codazos, pero si insistimos en echarlo, regresa.
Franz Kafka

martes, 24 de enero de 2012

Mil perdones


Disculpad los chistes sin gracia, los malos poemas, los títulos trasnochados, las reflexiones político-filosofico-ridículas, las fotos evidentes...
Lo siento, queridos lectores de este blog (¡ocho mil y pico visitas...! ¿cómo se come eso?).
Ya me conocéis: cualquier cosa menos ponerme a corregir...
Mi pereza y yo no damos para más.

¿Y para qué?


Deja que el tiempo pase.
Es la única alternativa.
Lo demás es engañarse creyéndose alguien, algo
con un mínimo de trascendencia más allá
del
simple
paso
del
tiempo.
Déjalo para mañana... si es que llega.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Historia sin nadie


Las calles están desiertas siempre que sueño.
Y no oigo nada más que mi respiración; como si me tapara los oídos, igual que en una caracola.
Mi casa está desordenada pero vacía, habitada pero ausente... como si acabara de salir corriendo en cuanto me dormí. Me delatan los libros sobre el sofá y la lamparita encendida del dormitorio.
Humea el café en la cocina y a veces hasta percibo el vaho dulce que sale del cuarto de baño: me he ido hace un segundo. El tiempo justo de coger el reloj y ponerme la chaqueta.
Sabía que venía y me he dejado una nota pegada con imanes en el frigorífico: "Vuelvo cuando despiertes".

jueves, 22 de diciembre de 2011

Desesperanza que ha dejado de fumar


Todos somos poco,
pero solo algunos lo saben,
otros pocos lo sienten;
otros no pueden dejar de llorar por todo.

martes, 20 de diciembre de 2011

Yo de pequeño quería ser...

Primero, de niño, quise ser torero, por la épica del valor que a todos nos gustaría tener; cuando vi de cerca un toro de verdad, se me pasó. Ser músico o cantante también resultaba una buena alternativa, y artística también; soy tan tímido que me es imposible tocar con público, y cantar (destrozar canciones) ni te digo. De jovenzuelo, más que nada por influencia televisiva, quise ser piloto o médico. Lo de volar no se pudo cumplir porque resulta difícil acostumbrar el cuerpo a flotar cuando ya estás talludito y tienes las carnes duras; en cuanto a lo de médico: hubiera sido terrible (hubiese llorado con mis pacientes más que curarlos). No soy hombre de acción, sino de contemplación. Por eso mi vocación auténtica es la de escribir (mal, poco, pero). Por eso a veces, sin tener mucho que decir, necesito teclear tonterías...

miércoles, 12 de octubre de 2011

Seamos educados...


Hace mucho tiempo que vengo necesitando desahogar, como profesor, mi frustración.
Tiendo a ser reservado y dar mi opinión solamente cuando la calma me deja ver con claridad las palabras con que transmitirla. Pero es que se me acaba la paciencia...
Seamos educados, pero hablemos de educación. Y de lo que hay detrás.
La enseñanza madrileña está en huelga; pronto nos seguirán otros compañeros y alumnos de diferentes lugares que ven, en estadios quizá menos avanzados, cómo se les arrebata la dignidad. No es cuestión de sueldos ni de horas. No.
Porque no se trata de que a los profesores nos paguen menos (nuestros sueldos no están en absoluto por encima de cualquier otro trabajador para cuyo puesto sea exigible una formación superior y acreditar competencias desarrolladas y muy concretas), ni de que nos exijan más horas de trabajo (ya teníamos un horario de 37,5 horas semanales, que, al ser modificadas en su cualidad con dos horas más que pasan de ser trabajo de atención a sesión de clase, se convierten, porque cada alumno de clase requiere de un tiempo de dedicación fuera del aula, en bastantes más de 40), ni tampoco es que nos hagan trabajar en condiciones degradadas (más de 30 alumnos por clase, nada de los recursos tecnológicos que siempre están por llegar, actividades extraescolares eliminadas, imposibilidad de aplicar esos mecanismos de apoyo y personalización de la enseñanza que tanto se propugnan en campaña electoral...). No, que no es eso: lo peor es que nos toman por tontos y creen que no nos damos cuenta de lo que pasa.
Tampoco es solamente que nuestros alumnos se conviertan en ciudadanos de segunda: los pobres chavales de barrio trabajador marginal que quedarán en la enseñanza pública cuando nuestros políticos construyan ese sistema concertado-privatizado que ya tienen en mente y nos cuelan bajo mano poco a poco, movidos por requisitos de rentabilidad y reducción de gasto (eso sí, no esperen ustedes pagar menos impuestos por ello), esos chicos que están destinados a trabajar en las fábricas de ladrillos o en la limpieza de edificios o en la producción en serie, serán sirvientes. Es necesario que haya sirvientes para que haya amos. "¿Para qué necesitan saber trigonometría o leer poesía? Eso hay que enseñárselo al que pueda aprovecharlo", dirán. "Gente como Dios manda" (y qué poco me gusta esa frase hecha). "¿Qué es eso de que la gente llegue donde pueda, según sus capacidades?". No vaya a ser que algún lúcido se les suba a la chepa con exigencias: "Mira dónde nos ha traído esa idea ridícula de la democracia, que ya no se la tragan como se la damos y la quieren de verdad...". No, no: "La gente tiene que llegar hasta donde pueda (pagarse)". Hay que pensar en el futuro: "Así no habrá problemas y no tendremos que provocar otra crisis financiera limpiadora".
Pero vamos, que no es eso en realidad. Son cuestiones colaterales. Hay más detrás. Lo realmente importante es que quieren convencer a la gente de que peor estamos mejor, de que es necesario que estemos peor, de que estar peor nos beneficiará de cara al futuro, de que si seguimos con la absurda idea de querer ser libres (mirad el 11-S), tener las mismas oportunidades unos que otros (el comunismo ya cayó) o vivir como personas (cómprate un piso: tienes derecho según la Constitución que escribieron y aprobamos), esto es insostenible. Todos no podemos tenerlo todo porque no llega; así que usa el sentido común, confórmate y deja que los que siempre lo tuvieron lo sigan teniendo todo.
Ya me diréis como se aguanta uno de decir lo que piensa, si piensa esto.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Más impuestos, por favor


Una de las pruebas más claras de que estamos llegando al abismo es la ruptura de la lógica.
El mercado se hunde a sí mismo con el fin de comprar a bajo precio y esperar luego subidas a niveles medios con tantos por ciento descomunales de un beneficio que llegará pronto o tarde (claro que llegará, ¿lo dudáis?).
Los políticos no saben qué hacer, pero no paran de hacer cosas (principalmente meter la pata), y sobre todo de hablar de lo que habría que hacer, como el que en la barbería ve pelar las barbas del vecino remojándose las suyas.
Los que trabajamos por cuenta ajena ya no lo hacemos por el sueldo; se saldrá adelante como sea si nos suben los impuestos, si nos reducen el salario o si hay expedientes de regulación y nos mandan a la calle unos meses; lo importante es conservar el puesto. Trabajar para no perder el puesto de trabajo, como si fuera esa silla cuando te fuiste a Sevilla.
Lo mismo les pasa a los que trabajan para sí mismos, los autónomos y pequeños empresarios, los agricultores: no es que no estén ganando dinero, es que lo pierden... pero se trata de no cerrar el taller o la tienda, de no vender la tierra. ¿Ganar dinero? Que se lo digan a los farmacéuticos.
Hay parados que cobran más así que trabajando, y en mejores "condiciones laborales", visto como se tiende poco a poco un régimen de semiesclavitud competitiva (trabaja si quieres comer) con los países emergentes (cuya población no tiene más remedio que conformarse con comer poco, y eso es lo que habría que cambiar).
Y, para colmo, ahora me salen los millonarios del mundo (no es una ONG, ¿eh?), pidiendo que, por favor, de una vez, ya, por lo que más quieran los gobernantes del mundo (que tampoco son una ONG, seguro), que les suban los impuestos. Están hartos los pobres de no pagar como todo quisque. Vale que tienen la mayoría de su patrimonio en paraísos fiscales, o que dominan a la perfección las estrategias de evasión fiscal. Bien, de acuerdo. Pero al menos permitidles que se diviertan viendo como les dejamos ocupar el papel de los rumbosos que quieren pagar a escote aunque son los dueños del bar.
No os dejéis engañar.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven, de Albert Espinosa


O yo soy muy raro o es que el abstracto público lector es tonto sin más.
Estoy hablando del libro superéxito total de la muerte de la última temporada, que arrasó por goleada en la feria del libro de Barcelona, a cuyo autor entrevistó el propio Buenafuente y del que se encuentran 420.000 referencias en 0,31 segundos de Google, incluida una página de Facebook en la que se pueden leer todo tipo de alabanzas y agradecimientos de un montón de gente a la que la citada novela ha cambiado la vida y a los que, dicen, ha animado a la lectura y acercado a la literatura.
Todo eso después de que yo, con los ojos como platos, acabara de leer esta redacción de instituto (y hablo por experiencia: he leído narraciones de chavales de la ESO que superan con creces en todo, excepto quizá en extensión y no tanto, este bodrio), avasallado todavía por su ni siquiera conseguida pretensión de ser un libro de autoayuda barato y lleno de frases de galletita china de la suerte. No hay argumento (al menos completo y con sentido); no hay personajes, sino bocetos infantiles de arquetipos sin el más mínimo relieve; no hay estilo definible más allá de la dispersión (pero no la dispersión del que deconstruye sino la del que no sabe construir) y el bajísimo dominio de la gramática textual. Uno llega a tener la impresión de que no se trata de un libro sino de la redacción a sucio de una idea (mala). Una verdadera patata.
No soy nunca tan duro con una obra (?) en ninguna de mis opiniones de este blog -creo que es la primera vez que me permito este nivel de rechazo al escribir una reseña-. Pero es que no me queda más remedio que decirle al autor lo que muchas veces me digo a mí mismo (y podéis encontrarlo en muchas entradas pasadas): si no vas a llegar a hacer Literatura, si no tienes nada que decir, si no sabes escribir, no escribas. Hay muchos que saben hacerlo y no podrán porque tú estás ocupando un sitio en las estanterías sólo para vender humo, palabras vacías encuadernadas.
Yo me aplico el cuento y eso legitima mi exigencia: déjalo, Albert Espinosa. No pienso decirte que vengas. Que me devuelvan el dinero.
Termino prometiéndome dejar ya las lecturas que recomiendan con el adjetivo de "fresquitas", "veraniegas", "originales" o "refrescantes". Ya he tenido bastante.
Mañana empiezo a releer Rayuela otra vez.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Nemirovsky


Últimamente me ha dado por las lecturas fresquitas y veraniegas. Y así me va...
Los perros y los lobos, de Irène Nemirovsky me ha decepcionado. Es un cuento de hadas con toques de romanticismo francés y victimismo judío, todo entremezclado. Como un gran pastel de varios pisos, cada uno de un sabor a más alto más dulzón y terminando en un inefable almíbar pegajoso.
Incluso estoy sorprendido de su éxito de ventas, porque no hay en este libro ingredientes de gran audiencia: ni la acción trepidante de El código Da Vinci, ni el juego psicológico de Stephen King, ni el entramado intrigante de La tapadera o El jardinero fiel... No sé. Ni eso. No me encaja que tanta gente haya encontrado en una nueva versión de la Cenicienta, ahora con toques de pintora bohemia y Oliver Twist, motivo suficiente para convertirlo en superventas internacional. El secreto puede estar en la propia autora, cuya biografía, desde luego, es casi más novela que sus escritos; eso siempre resulta. Muchos leen al escritor no el libro. Y, en este caso, los paralelismos son muchos entre uno y otro, porque la vida de Nemirovsky es sin duda la materia prima de esta historia. También puede ser que el estilo, a momentos decimonónico y siempre relamido, sea una baza comercial para cierto tipo de público con ínfulas de culturilla. O la superficialidad de la mirada narrativa, atenta hasta la exasperación a los matices de color o el tacto de texturas, que es una clave para establecer el retrato robot del lector potencial, para el que la sensualidad es primordial en el relato, por encima del avance de la acción y de la profundidad de los personajes.
"No hay libro tan malo que no tenga algo bueno", decía Cervantes. Pues sí: la descripción de los personajes, sobre todo al principio del libro, demuestra que la escritora dominaba la técnica del retrato; además, la voz narradora es clara y femenina, delicadamente sutil, en algunos pasajes
que atribuyen destellos de personalidad al conjunto.
No digo más. Allá vosotros.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Plataforma, de Houllebecq


Desde hace tiempo tenía interés en echarle el ojo a algo de Houllebecq. Tuve ocasión de leer unos versos suyos, un adelanto en la prensa de su último poemario, y me llamaron la atención. Ahora, estos días, ha caído en mis manos un ejemplar de Plataforma que no he dejado escapar. Es prosa; una novela extraña y multiforme como aquellos poemas.
Desde luego, el autor domina el lenguaje; juega con él y lo transforma de coloquial en comercial, de descriptivo en filosófico, de reflexivo en analítico. Además, está de fondo ese juego mismo con la acción, que se presenta tópica y continuamente tropieza con lo improbable hecho una realidad que el lector percibe como cotidianeidad, hasta el punto en que es imposible no imaginarse al propio escritor viviendo las escenas y pensamientos que atribuye a sus personajes y transfiriéndoles sus impresiones y momentos personales. De hecho, lo más (lo único) "novelesco" (permítaseme) de la historia, el final, resulta sorprendente pero no redondo. No cuadra con el resto de la sucesión de estampas con las que el lector puede conectar sin esfuerzo.
Pero me ha llamado especialmente la atención, y doy por hecho que es uno de los factores que han determinado el prolongado éxito de la obra en las librerías, que el autor ha eliminado lo que en algunas ocasiones he oído nombrar como "elipsis sexual": ese momento que estamos acostumbrados a que desaparezca de las historias, en cine, en literatura, en teatro, en pintura, porque no es socialmente correcto, aún, mostrar la crudeza (?) del sexo. Se excluye el contacto carnal del arte o se simboliza ingenuamente como si no formase parte de la vida y, por tanto, de las expresiones artísticas. Como mucho, se le permite la marginalidad de la pornografía. Pues bien, Houllebecq no elide el sexo de su historia, sino que lo incluye como un elemento más de la acción y de la identidad de sus personajes, conformándolo como parte de esa normalidad de la que hablaba antes. Y lo hace bien: el lenguaje es claro y directo, sin recurrir a las imágenes ingenuas a las que nos tiene acostumbrados la hipocresía bienpensante que inventó lo de las abejitas y las flores. Es difícil escandalizarse y más difícil todavía darle mayor atención que la que el autor le concede. Un verdadero logro que nos lleva a pensar que, algún día, quizá, nadie vea normal que los amantes se besen apasionadamente y... ahí acabe la escena, como si tal cosa.
Finalmente, otro aspecto destacable del libro es su latente crítica social e ideológica, presente en cualquier análisis mínimamente riguroso que hagamos de la obra: la burguesía y su sistema de valores, representada en el protagonista; la mercantilización de la sociedad y el poder del dinero sobre cualquier moral; la ilusión de libertad posible, que se personifica en el personaje femenino principal... Previsible en un autor de la trayectoria de Houllebecq, algo tópica, pero más clara de lo que estamos acostumbrados a ver de un tiempo a esta parte en las literaturas europeas.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Dulce jueves, de Steinbeck


Steinbeck siempre logra algo especial: que compartamos el silencio del indio Kino de La perla, que no odiemos a George por matar a Lennie en De ratones y hombres...
En Dulce jueves nos convierte en cómplices.
Nos encontramos con un devenir desordenado, algo faulkneresco pero con notas personales: fluidez narrativa en líneas discontinuas, sucesión de imágenes apenas insinuadas pero no por ello menos cargadas de fuerza que en otros de sus libros, personajes desdibujados e indefinidos pero complejos e interesantes e impredecibles.
El propio autor hace una declaración de intenciones al principio del libro, por boca de uno de los personajes: quiere escribir una historia sin descripciones y sin presuposiciones. Sin estructura artificial; orgánica y autosuficiente como el devenir mismo de la vida.
Y eso es lo que se encuentra el lector, una historia que cobra vida propia más que imaginaria, que se crea como lectura personal y única partiendo de unas bases que el escritor ha trabajado para precisamente permitir ese difícil proceso de la implementación necesaria del receptor del texto para lograr el nacimiento de sus personajes, su movimiento, sus acciones dentro del universo no pre-creado hasta que uno abre la primera página y comienza a leer.
No soy amigo de resumir argumentos, eso ya lo hacen las solapas de los libros destinados a venderse bien, pero es que en este caso, además, me sería enormemente difícil contar lo que pasa en esta novela. En todo caso os podría explicar lo que pasa en la que yo he leído. Pero eso no tiene ningún interés.
Mejor dejad que fluya ante vuestros ojos otra diferente.