martes, 25 de agosto de 2009

Saltos de página - Lorca

Quizá sea demasiado dos páginas seguidas, por muy especiales y desintoxicantes que sean, pero no he podido resistirme a poneros aquí uno de mis últimos hallazgos en la red: es el final de La casa de Bernarda Alba ("Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!"), en autógrafo del mismo Lorca (cuya letra no es demasiado difícil de leer). Una auténtica joya.

viernes, 21 de agosto de 2009

Saltos de página - Garcilaso

Con vuestro permiso, lectores, a partir de hoy colgaré en este blog, por desintoxicarlo de tanto texto continuo, una serie de imágenes. No fotos de lugares paradisíacos o de cuerpos esculturales o de estampas curiosas. De eso ya está llena la web. Aquí seguiremos en la línea de lo literario y os presentaré imágenes de páginas de libros. No de libros cualquiera ni páginas cualquiera...
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Buen comienzo el de hoy, a mi entender: os dejo el poema de Garcilaso, "En tanto que de rosa y azucena" (en la parte de arriba de la página), en un manuscrito de 1543 impreso por Carles Amorós en Barcelona con el título de Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega repartidas en quatro libros.

Mierda de libros

Me encuentro, curioseando por ahí, que es la forma más útil de perder el tiempo siempre un poco huero de las vacaciones, con un libro que hace saltar todos mis resortes de atención: Cómo cagar en el monte.
Sí, sí. No es broma. Se trata de un manual -no creáis que es uno de esos libros con título extraño y contenido indefinidamente relacionado con él; su propósito es práctico- que ha obtenido un éxito de ventas más que notable entre los aficionados al senderismo y al excursionismo en general. Defecar en lugares elegidos según una serie de criterios razonables, desmenuzar la deposición y enterrarla a un palmo de profundidad, son las líneas maestras de la técnica descrita.
Dos cosas que me inquietan, al margen de la motivación de su autora, asunto en el que no pienso profundizar (Ni hablar... Me da grima...):
Primero. ¿Quién narices necesita que le enseñen a cagar en el bosque? Mucha gente, a juzgar por el ya referido alto número de ejemplares vendidos. ¿Deberíamos amaestrar a los animales salvajes para que adquirieran la costumbre de hacerlo según las normas que el libro propone? Sin duda sería más (?) ecológico ¿no? Más papistas que el papa, más ecológicos que la naturaleza.
Segundo. ¿Hay temática sobre la cuestión? Pues sí. A poco que uno se ponga a ello, encontraremos en la biblioteca de la caca, libros como (y dejo al margen los dedicados al público infantil y el control de sus esfínteres, del tipo El libro de la caca, o Adiós, cacas, adiós) Caca: una historia natural del innombrable (¿No era este el diablo?), o A la salud por la cagada.
Si leéis alguno de estos educativos títulos, no dejéis por favor de ponerme un comentario ilustrativo.

martes, 18 de agosto de 2009

Tormentas de verano 3

El vuelo estaba siendo tremendamente tranquilo. El aeroplano surcaba un cielo azul sin la más mínima señal de nubes en el horizonte, sin apenas viento, sin novedad.
Por eso resultaba tan extraño que el pasajero 134 ventanilla no parase de vomitar. Nada se movía. No había vibraciones. Ni se alteraba el agua del vaso que le llevaba, por tercera vez, la azafata sobre una bandejita amarilla. El hombre, entre náuseas, miraba por la ventanilla como buscando aire. Pero ya tenía las salidas de ventilación abiertas al máximo. El pelo hasta le ondeaba con la corriente.
Su acompañante no se mostraba muy preocupada. Sonreía afectuosamente cada vez que una señorita uniformada hasta en la sonrisa se interesaba por el estado del caballero. Les decía que no sepreocuparan.
-En un momento se le pasa... Ya verá.
-¿Se va sintiendo mejor?
- No. - Respondía él, con la cabeza medio metida en la bolsa de papel, desalojando de nuevo. Y miraba por la ventanilla, agobiado.
- ¿Está enfermo? ¿Algún problema digestivo? No puede ser que esté mareado...
- Es psicológico. - Afirmó la señora, sonriendo a la azafata. - Hágame caso. No es la primera vez.
- ¿No? ¿Y a qué se debe? Quizá debería visitar a un médico en cuanto llegue a su destino.
- Ya lo hemos hecho, querida. Dos psiquiatras. Ambos estuvieron de acuerdo, después de unas cuantas costosas sesiones, en que no era más que una fobia.
- ¿Al avión? ¿Y la exterioriza con el vómito?
- No. Es su ex. Vive justo en la ciudad que sobrevolamos ahora mismo. Allá abajo. Ni le cuento lo que ocurre cuando viajamos en coche y tenemos que pasar por este lugar...

domingo, 16 de agosto de 2009

Tormentas de verano 2

- ¿Aquí mismo?
- Aquí mismo, Manolo. Planta la sombrilla, que yo voy sacando las toallas.
- ¿Me has cogido el periódico, Maite?
- No. Te he traído ese libro gordo que me echaste en la maleta. Hijo, de verdad... No sé cómo puedes ponerte a leer en la playa.
- ¿Por qué?
- Hombre, aquí se viene a tomar el aire, el sol, a desempolvarse, no a seguir como si estuvieras en el despacho, igual que en casa, todo el día con la cabeza agachada...
- ¿Has traído tortilla de patata o ensaladilla?
- No. Hoy comemos de restaurán.
- ¿Y ese dispendio a qué viene? Te cobran un riñón por una mala ensalada...
- Me ha dado por ahí. Mira tú...
- Pues no te entiendo.
- Que hay que salir de la rutina, Manolo. La tortilla la tienes en casa todos los días. Vamos a comernos hoy una buena paella.
- Sí. La verdad es que la paella no la comemos mucho en casa. Te sale fatal. Y mira que no es difícil.
- Hay que cogerle el punto al arroz y no se lo tengo cogido. ¿Qué le voy a hacer? Una no es perfecta. Hoy, paella en el restaurán. Saca la radio, porfa.
- Deja la radio...
- Anda, que empieza la tertulia del Losantos...
- ¿Pues no la escuchas todos los días en casa? Estamos en la playa, leche. Desempólvate.
- No me hinches las narices, Manolito. Saca la radio del bolso rojo.
- Y veo que no has traído la tortilla, Maitechu, pero sí que te has surtido de pipas: con sal, sin sal y peladas.
- Cada uno se entretiene como quiere.
- Como en casa: radio y pipas. Igual que en casa, todo el día con la oreja pegada y click-clack, pff, click-clack, pff.
- No me jorobes... y pon la radio.
- Sí mujer. Es verano. Alcánzame el libro.

jueves, 13 de agosto de 2009

Tormentas de verano 1

¡Será posible! ¡Maldita sea mi sombra! Me divorcio. Me vengo de vacaciones en junio, que hay menos gente, al quinto pino para estar solo, pagando el suplemento por uso individual de la habitación del hotel, que es algo que nunca entenderé. Me busco el sitio más apartado de la larga playa casi desierta de esta ciudad del norte, que es más para venir en otoño que en verano. El chiringuito más vacío, casi en la bocana del puerto. La mesa más apartada, junto a las papeleras. Pido un gin-tónic, porque en treinta y siete años nunca me ha dejado beber una puñetera copa aquella harpía... Que ya va siendo hora de hacer lo que me dé la santa gana... ¡Solo, por fin! ¡Solo! Para entretener los dedos me pongo a arrancar la etiqueta del refresco poco a poco, con el piquito de la uña... y ¿qué me encuentro? ¡Me ha tocado el premio gordo de la promoción veraniega! Un crucero al Caribe "para compartir con tu pareja siete noches románticas de lujo y relax", y, "por si te parece poca marcha", una estancia en playa Bávaro "con los diez amigos que tu elijas, que estarán esperándote allí cuando desembarques". ¡Mis muertos!

lunes, 10 de agosto de 2009

Sana inocencia

Se decidió a buscar una hipoteca para comprarse ese lugar donde vivir que nuestras madres dicen que necesitamos y los políticos creen que podemos pagar.
Recorrió varias sucursales bancarias del barrio, sin éxito. No tenía ninguna noción de economía, y aquello de las TAEs, el euríbor y las variaciones de tipo le pillaba muy desarmado, así que tomó la determinación de tramitar su préstamo con la persona -no banco, que eso le daba igual- que le transmitiese sensación de honestidad y al que no pillara en un renuncio a lo largo de la charla; nada de gestos de superioridad u ostentación de los gemelos de la camisa, ni eso de dos mil euros de cuota y luego son dos mil quinientos, o a treinta años y luego te hace el cálculo con treinta y cinco. Sin saber nada de dinero ni de números, creyó que tales condiciones lo llevarían a una elección exitosa.
Seis meses se pasó preguntando, en bancos nacionales y extranjeros, de fachada triste o colorida, de nombre y vocación localista o internacional, anunciados en tv o no... Ni una en el clavo. Quien no le miraba como una presa, lo hacía como a un desgraciado sin posibles, y todos, todos, mentían al ofrecer lo que en el cálculo nunca cuadraba.
"Voy a cambiar de estrategia", pensó. "En vez de buscar un banco que me dé sensación de fiabilidad para pedirle dinero, propondré un trato de negocios a alguien en quien confíe. Amigos no me faltan... Y si no, hablaré con mis padres."
Habló con todos sus amigos sin conseguir poder plantear del todo el asunto antes de que le cortaran y cambiaran de tema. Desde entonces lo miraban como los directores de sucursal que se acariciban la corbata mientras tecleaban en el ordenador su nombre para ver si era solvente o no. Decírselo a su padre fue violento: "Quién presta dinero a un amigo pierde amigo y dinero", le contestó, "O hijo y dinero, que tanto monta".
Comprendió entonces que era de ilusos buscar un banquero afable: sólo te presta dinero quien te odia lo suficiente como para exigírtelo luego.

viernes, 7 de agosto de 2009

Sana vergüenza

Discusión de pareja. Noche de verano, con los balcones abiertos. Él fuma en silencio echado hacia adelante con los codos apoyados en las rodillas; ella habla con calma, sin alzar la voz, y mira de vez en cuando al techo y permanece así un rato, inclinada la espalda sobre el cerco de la puerta que da al pasillo a cuyo fondo se ve una luz mortecina, de lamparita de mesilla de noche.
- Eres un sinvergüenza. Un cerdo. Un canalla. Y encima me lo dice... No sólo te acuestas con esa perra; encima me lo cuentas, como si tuvieras que presumir de hazañas. Si yo sé lo que tú eres en la cama... Lo que no entiendo es qué ha visto ella en ti, porque poco hay. Miserable. Todos estos años aguantándote, pensando que era una mala racha, que volvería a ser todo como antes, y vas y te tiras a la primera que se te cruza. Y me lo cuentas. De sopetón. Sin avisar. Llegas del trabajo agotada y te encuentras con que tu marido tiene que hablarte, ¿de qué?, de que se va de picos pardos en cuanto te das la vuelta. ¿Te gastas nuestro dinero en ella, también? Es lo que faltaba, yo deslomada para que el señorito se las dé de dadivoso. Porque seguro que saca algo de ti. Tú no mereces ni mucho menos la pena; algo le darás que le sirve. Pero tú no eres lo que busca. No te hagas ilusiones. Esa quiere sacarte lo poco que tienes. Lo que tenemos. La habrás invitado a cenar, alguna joya... Lo que está claro es que, mírate, no ha sido porque hayas despertado la pasión de nadie, capullo. Das pena. Casi tanta como yo, aquí aguantando el chaparrón cuando tendría que coger la maleta e irme dando un portazo. Nunca has servido para nada: ni como marido, ni como hombre, ni como persona. Y, por si fuera poco, se va con otra... Ya ves.
Tres minutos y cuarenta y dos segundos de silencio. Casi un cigarrillo.
- Siento habértelo contado, Mónica.
- Ni me nombres.
- Siento habértelo contado, Mónica. Quizá debería haber hecho como tú, y callármelo... Sí. No me mires con la boca abierta. ¿Creías que no lo sabía? Quizá sea un miserable y un cerdo y un capullo y yo qué sé, pero al menos no te miento. Y yo te quería cuando me casé contigo. Tu a mí no. ¿Por qué lo hiciste? Nunca te he pedido cuentas por lo que te he dado. Tú a mí sí. ¿Me vas a traer la factura? Nunca he creído que eras poca cosa, ni siquiera lo creo ahora. Tú me desprecias: ¿que nadie puede enamorarse de mí? Desde luego, tú nunca lo estuviste, eso es cierto. No he tenido contigo sólo un compromiso, que es lo único desde hace años te ata a ti conmigo. ¿Sólo papeles? Nunca te he exigido quedarte, ni te he pedido la pasión que no sientes. Soy incapaz de odiarte, de engañarte, de chantajearte. Si yo estuviera en tu lugar, te daría un beso y me iría. Pero claro, yo soy un sinvergüenza...
Diecisiete segundos de silencio.
Se levantó. Le dio un beso, y se fue, cerrando la puerta con cuidado.

martes, 4 de agosto de 2009

Sana envidia

Sus miradas se cruzaron en un gesto agrio, previo al consiguiente recorrido visual de arriba abajo que siempre se da en tales circunstancias: ¡llevaban el mismo vestido! La fiesta anual de la mafia, todos los capos del país allí, sus mujeres, sus amantes, sus mammas, y ¡ellas llevaban el mismo vestido! Fucsia, con escote palabra de honor y falda vaporosa de plisado fino irregular. Diseño italiano, por supuesto. Una pasta gansa. Y lo de menos es eso: la humillación era insufrible para ninguna de las dos. La alta sociedad del crimen organizado comentando en murmullos lo cómico de la situación, preguntando la filiación de las protagonistas de la conjunción de destinos, lamentando entre risitas la mala suerte que nos hace a unos afortunados y a otros desgraciados.
Sus maridos, del brazo de sus cónyuges, permanecieron ajenos a lo que ocurría hasta que sendos codazos y avances de barbilla mutuamente dirigidos les integraron en la bulla general.
Si tu mujer te hace gestos como los señalados en una ocasión como la descrita, tienes dos opciones: decir "¿Qué mas da?", o "Lo solucionaremos, querida".
Las dos parejas, algo abochornadas, se apresuraron a abandonar el salón en busca de un espacio más reservado que les permitiese el receso. Cuchichearon ambas parejas respectivamente en un extremo y otro de las oscuridades de la terraza y ellas, las dos, cogieron su teléfono y marcaron un número. Hicieron una breve llamada antes de volver al acto social.
Una vez allí, ya decaído el interés por la coincidencia indumentaria, trataron las dos damas de no perderse de vista, pero sin mostrarse atención.
Unos veinte minutos después, a las dos les sonó el teléfono casi a la vez. Una señora recibió la mala noticia de que su hijo, mientras jugaba al golf en el club de campo, había sufrido un accidente desgraciado: una pelota perdida había abierto su cabeza como una cáscara de nuez. Marido y esposa con vestido repetido salieron corriendo hacia el hospital. La otra señora fue informada de que su preciosa mansión del acantilado estaba ardiendo por los cuatro costados, quizá por una explosión de gas. Se ausentó este segundo matrimonio también apresuradamente de la fiesta, con el fin de ocuparse de salvar lo que fuese posible.

jueves, 30 de julio de 2009

Sana vulgaridad

No aguanto a la gente que no suda. Ni a los que se aguantan los pedos aun estando solos. Ni los que denominan eufemísticamente "sacar petróleo" a hurgarse en la nariz. Ni a los que usan papel higiénico perfumado. No soporto a los que se han operado de velo del paladar para no roncar. A los que cuando acaban de follar, piden un clinex. A los que limpian la junta de los azulejos con cepillo de dientes. A los que quieren oler bien incluso metidos en la piscina. A los que desvían la vista de las bragas tendidas en el patio de vecindad. Me desesperan los que usan la servilleta con un dedo por dentro. Los que conocen diferentes tipos de té por su aroma. Los que nunca se han tapado la nariz con un trozo de algodón cuando el resfriado les hace gotear moco líquido. Ni a los que tienen humidificador, o ambientadores eléctricos programables, que sueltan una ráfaga de lavanda en medio del silencio. No puedo con los que comen guisantes estofados, o croquetas de calamar. Con la gente a la que todo les produce acidez. Con los que creen apreciar la calidad del jamón por su color. Con los que agitan el vino en círculos antes de beberlo. Ni con los que se rascan la sien con el dedo anular. Ni con los que frotan las gafas con toallitas limpiacristales. Es superior a mis fuerzas. No puedo sentarme frente a quienes te hablan mirando por la ventana. O junto a los que apoyan decadentemente el antebrazo en los respaldos de las butacas. Ni con los que llevan la mirada de indiferencia perenne y sonríen por cumplir. No. De verdad que no trago a los que creen que el dolor es humillante. Ni a los que lloran con "Titanic". Ni a los que se saben lo que significa la O-p que viene detrás del título de los discos de música clásica. O a los que clasifican los libros por orden cronológico. O comen ostras con tenedor. O leen el periódico completo, de cabo a rabo. Ni a los que se "mueren de ganas" por algo, o utilizan la expresión "miles de veces" o "daría un brazo". Y luego, por si fuera poco, además, se creen importantes.
Lo peor: yo soy así. O casi. Porque sudo mucho y no me creo importante.

miércoles, 22 de julio de 2009

Historias sin más historia 3

La Biblia no entra en estos detalles, pero os puedo contar que Lot pensó, en medio de la hecatombe purificadora, que Dios era, al menos, original. En ese mismo instante estaba destruyendo Sodoma y Gomorra al modo tradicional, es cierto: con llamaradas de fuego que caían desde el cielo y dejaban en el suelo tan sólo el rescoldo de lo que hubiera. Pero a la hora de castigar a su mujer por mirar hacia atrás, se le ocurrió convertirla en estatua de sal. No deja de ser un alarde, la verdad. "Un poco exagerado, pero creativo", se dijo. ¿Qué otra cosa cabe esperar de Dios, sino creatividad?
Decidió el pobre viudo, tras mirar y palpar unos segundos a la estatua en escorzo (con mucho cuidado de no echar la vista atras, visto lo visto), cogerla como fardo a la espalda y llevársela. Aunque sólo fuese condimento, era lo que quedaba de su esposa... Quizá rezando piadosamente hubiese vuelta atrás...
La acarreó un buen trecho, Dios lo sabe, pero siendo de sal, pesaba aún más que hecha carne, la condenada (nunca mejor dicho), y no hubo otra que seguir camino dejándola como monumento mudo a la curiosidad que la había perdido. Al pobre Lot le habían crujido ya todos los huesos.
A la sazón (nunca mejor dicho; permítaseme de nuevo) empezó a llover (agua), y Lot nunca supo si Dios lo hizo por apagar la llama de las ciudades del pecado que abrasara minutos antes -puede que para ver si quedaba algo en pie o ya era suficiente dosis de apocalipsis-, o para disolver a su pobre costilla y ahuyentarle la idea de volver a recogerla -con el fin de guardarla como recuerdo más que nada.

martes, 21 de julio de 2009

Historias sin más historia 2

La idea original surgió en la visita a una lejana ermita de un cristo solitario, perdida en un páramo castellano más allá de un innominado pantano siempre a medio llenar.
La piedad de los devotos copaba de anatomías de cera las cuatro paredes de la pequeña construcción de piedra y ladrillo, nada vistosa, ni por fuera ni por dentro, pero indudablemente curiosa por esta exposición de partes sin correlación: del techo al suelo se veían colgadas, sin orden alguno, desproporcionados, decenas, centenas de pies, brazos, orejas, manos, dedos, rodillas flexionadas, espaldas sin vientre y vientres sin espalda -como partes de coraza-, narices, incluso dentaduras y muelas sueltas.
Podrían suponerse muchas de las patologías milagrosamente sanadas por intercesión divina (piernas y brazos rotos, dolor dental, de espalda, de pecho, sorderas, deformidades quizá...), pero la pregunta que surgía inevitablemente era cómo representar simbólicamente algunas otras. ¿Cómo ofrecer la promesa por una úlcera de estómago, una enfermedad cardíaca, una leucemia, un cáncer de pulmón, una exitosa operación de amígdalas? La simbología no puede reducir el ámbito de actuación divina. Seguro que, aunque el fiel no encuentre el símbolo de su promesa, Dios sabrá curar tales afecciones ¿no? ¿Por qué limitar el culto, pues? Hay que modernizar la relación con Dios.
Partiendo de ahí, y como tiene que ser, el fabricante de "sexvotos" (Sexvotos Carracedo S.A.) había comenzado su negocio con el correspondiente estudio de mercado. Consultó en bibliotecas e internet, recorrió pueblos y santuarios, y se informó a través de las autoridades religiosas de los diferentes lugares de devoción de su posible zona de influencia comercial, encontrando sorprendentemente que muchos de ellos, por tradición, eran lugares frecuentados por personas con problemas en su vida íntima: la impotencia, las irregularidades y dolores menstruales, el vaginismo y, en general, todo aquello que conlleva la pérdida del placer humano por antonomasia, eran objeto de solicitud y petición a las divinidades más diversas (cristos, vírgenes y santos-as).
Una vez descubierto el nicho de negocio y sorteada la primera oposición eclesial con jugosas comisiones y razonamientos espirituales de difícil rebatimiento -como el hecho de que tales y cuales son igualmente partes del cuerpo, y de que tales y cuales habían sido creadas igualmente por Dios y eran parte del templo que se nos había dado, todo él supeditado a la enfermedad y el desastre que siempre es reflejo del maligno-, empezó la fabricación en serie de falos erectos y labios vaginales abiertos de cera.
Y el éxito fue fulminante. Todos los varones y mujeres respetables vieron abierta la veda para pedir ("y se os dará", que dice la Palabra) por su vida sexual, sin complejos, con la devoción de quien ruega por un moribundo, con el objeto bendecido de su petición normalizado por la tradición y la fe de los antepasados.
Las iglesias, las capillas, las ermitas, se llenaron de objetos que les daban apariencia de un sex shop pero con funcionalidad bien diferente: no eran para uso práctico ni humano, sino para utilización metafórica y divina. No costó demasiado a la clerecía asentar este juego lógico en sus feligreses y aprovechar santamente el don monetario que se les concedía. Siempre, por supuesto, con la vista puesta en obras de caridad, su favor fue decisivo.
Dieciséis millones de unidades, en números redondos, se vendieron el primer año. Diez de falos y seis de pubis de cera.
Sin duda el sexo está, sobre todo, en la cabeza.

lunes, 20 de julio de 2009

Historias sin más historia 1

Caminar por las veredas de polvo entre trigales a pleno sol de verano no es algo que canse; es algo que consume. Los ojos casi cerrados se anegan de luz hasta dejar de ver. La piel arde y se endurece, como el cuero de las botas. La boca se cuartea, como el suelo que se pisa.
En esa hora a la que casi nadie se atreve a romper el halo de la canícula, el muchacho pasó caminado apresurado frente a la sombra escuálida de una higuera a cuya vera me había sentado para esquivar el sofoco. Lo llamé con un siseo y le invité con una palmada en el suelo a que se sentara a mi lado.
- Te va a comer el calor... Siéntate un rato.- Le dije.
- Me esperan.
- Seguro. Descansa, hombre. Irás más deprisa cuando caiga el sol.
- Un rato, si acaso.
Y se sentó. Apoyó la espalda en el árbol, miró al final del camino, a la luz que se filtraba entre las hojas. Se aflojó las botas.
- No es bueno tener prisa. -Sentencié, por iniciar conversación...
- Ya... Me esperan.
- Da igual. No vas a llegar a ningún sitio. Nunca tengas prisa.
Parecía no escuchar.
- Mi hermano se va de viaje.
Tirando piedrecitas a las moscas que se posaban en su rodilla.
- Él tampoco va a ninguna parte. De verdad.- Repetí.
- No creo que se vaya hasta media tarde... Y si no, me esperará un poco.
- No hay nada que esperar. Te lo aseguro.
Un silencio terroso y seco.
- ¿Qué?
Me miró de reojo.
- Podrías venir conmigo... - Propuse, sin ánimo de apremiarle.
Reaccionó receloso.
- ¿Pero qué dice? Yo no le conozco de nada... Me marcho ahora mismo.
Hizo intención de levantarse pero agarré la manga de su camisa y le insistí, sin levantar la vista.
- Es mejor que vengas.
- ¿Dónde? ¿Para qué? ¡Si yo no lo he visto en mi vida! ¿Quiere robarme?
- No digas tonterías. No te voy a robar ni a hacer daño... Ya lo habría hecho.
El muchacho se zafó de mi mano, se levantó y salió corriendo. Y no he vuelto a verlo hasta hoy.
Yo sólo quería ponérselo más fácil. Iba por ahí diciendo que había escapado de mí, aunque más de una vez ha venido luego a sentarse solo a la sombra de esta higuera: como cuando volvió de la guerra por este mismo camino, o el día en que enterraron a su madre...
Ayer murió su mujer en el parto de una niña, y se ha quedado aquí toda la noche. Al amanecer, cuando todavía no hacía calor, se ha colgado con un nudo en la garganta. No ha sido rápido. Ha pataleado el aire durante un largo par de minutos.
Yo sólo quise ponérselo más fácil. Pocos aceptan el atajo. No lo entiendo.

viernes, 17 de julio de 2009

Microliteratura 3

Un soldado que avanza en medio de la niebla no sabe a quién ataca. Disparó y oyó un quejido. Desvió su dirección y caminó hacia otro lado. Sonó otra descarga y otro grito. Unos pasos, que venían hacia él, cambiaron de trayectoria.

jueves, 16 de julio de 2009

Microliteratura 2

Pusieron su anuncio en Ebay: Dos esclavos por el módico precio de su manutención básica de por vida (comida, agua y lecho; sin más especificaciones ni exigencias). A condición de que no les separaran. Uno era ciego y el otro manco. Juntos, estaban capacitados para realizar cualquier tipo de trabajo de orfebrería. Los inconvenientes justificaban lo accesible de la oferta... Daba pena separar esas dos mitades de hombre... No hubo pujas.

miércoles, 15 de julio de 2009

Microliteratura

La presentadora del programa concurso que ponen de dos a cuatro de la madrugada (Nombre de mujer de tres letras que empieza por A y acaba por A), de bote inalcanzable (Una sola llamada se llevará seiscientos euros), insistencia inacabable (Te sigo esperando. Llama. Aquí estoy) y tiempo elástico (Sólo nos queda un minuto. 59 segundos, 49,48,47. Un minuto para terminar. Ni un segundo más), apagó la cámara fija, el equipo de sonido, los focos del plató y, caminando hacia la pequeña luz piloto de la puerta (EXIT), se dio cuenta de que había estado sola, completamente sola, todo el tiempo.

lunes, 13 de julio de 2009

Excepción a la mutación

Al César, lo suyo. Y en todo hay excepciones. También dentro de la "generación mutante". Hojeando de nuevo el libro, he recordado dos nombres que, sin tener mucho en común con el resto de autores de la antología de la que os hablaba el otro día (ver "Mutatis mutandis" por ahí abajo), me dieron impresión de haber escrito con conciencia de tener algo que decir: una, Mercedes Cebrián, que maneja en su relato la ironía y la doble vuelta de un modo entre humorístico y revelador; y otro, Isaac Rosa, que da una muestra de estilo claro y formado, de variación controlada, no resultado de una intención meramente negadora de la forma previa al filtro del estilo.
Creo que si yo escribiera (y aprovecho para desearlo) lo haría como una mezcla de ellos dos: ironía y juegos de continuidad (que no fragmentación vanguardista porque sí, porque romper sea revolucionario -que no lo es: lo revolucionario es siempre lo que se construye de nuevas maneras y con nuevos propósitos-).
Más allá de apreciaciones personales, son los únicos en los que atisbé calidad.
Tenía que decirlo. No se puede generalizar hasta el punto en que lo especial se pierde mezclado con lo común.

viernes, 10 de julio de 2009

Fernández Mallo

Es uno de los escitores que se incluyen en esa selección de "mutantes". Seguramente el más conocido; ha salido en alguna ocasión en televisión, incluso (el no va más para un escritor vivo o muerto, como todos sabemos...).
Tiene de original que es un físico dedicado a la literatura, aunque también hay que reconocer que la física actual es prácticamente poesía (y si no me creéis dadle una vueltecita a la teoría de las supercuerdas y los universos paralelos; pocos artistas, quizá Borges, podrían pensar algo como eso). Y es lo único que se me ocurre como rasgo de originalidad, porque en lo demás, al leer su libro, Nocilla Dream -y mira que da reparo ya ponerse a leer un libro con ese título, que suena a musical malo de Broadway-, da sensación de pizza recalentada en el microondas. Me recuerda a otro indescriptible, Ray Loriga, ¿os acordáis? Tengo por ahí un libro suyo que alguien me regaló (me niego a pensar que lo compré, ni siquiera por curiosidad) en el que aparece su retrato, en la contraportada (no es habitual, que lo normal es la solapa, pero pase...) y también ¡en la portada!, a toda plana, sin recato. Odio a los escritores que aparecen como portada de sus libros, y más si, como es el caso, tienen cara de mala leche, de cabreo. Encima.
Pues Fernández Mallo, sin llegar a esos extremos ético-estéticos, escribe de manera similar a Ray Loriga. En realidad, algo mejor que él, pero en su línea: fragmentar y fragmentar la historia para que no se note que eres incapaz de articularla adecuadamente, para parecer vanguardista; fragmentar y fragmentar porque eres incapaz de escribir más de dos páginas seguidas y porque a pequeñas dosis todo parece más intenso.
Puede resultar curioso, pero que a estas alturas alguien crea que escribiendo así se cuelga la medalla de la novedad genial, lo único que indica es que no ha leído a Faulkner (perdónalos, porque no saben lo que hacen). Les recomiento Mientras agonizo. También es América profunda, vidas sin dirección, Mississippi puro y duro y gente que ni busca ya. O mejor, si lo encontráis, Palmeras salvajes. No he leído nada más crudo en mi vida.
Es una de las cosas que me echan para atrás cada vez que intento escribir: cómo voy yo a ser capaz de redactar un par de líneas que merezcan suficientemente la pena. Nunca escribiré una página en la que nadie deba entretenerse un minuto si le queda una sola línea de Faulkner, de Hesse, de Cervantes por leer. No es falsa modestia. Es la conciencia de que sólo debería escribir quien pueda hacerlo (no se aprende) y de verdad tenga algo que decir, y sólo las páginas que necesite para decirlo. Una conciencia que la mayor parte de los escritores que escriben no tienen.

jueves, 9 de julio de 2009

Mutatis mutandis

Pues eso. Ahora resulta que hay una nueva generación de escritores sin nada en común entre sí, al menos literariamente hablando, y algunos de los cuales puede dudarse de que sean ese tipo de escritor auténtico que piensa escritura, aunque estos sí escriben (v. el post titulado "Escritores que no escriben", que está por ahí debajo).
La antología en cuestión, a cargo de dos críticos afamados (y creo que desocupados), se titula Mutantes. Narrativa española de última generación. Es un compendio de relatos cortos y fragmentos de novelas de lo más variopinto, algunos lucidos, otros deprimentes, todos indefinidamente literarios.
Uno no sabe muy bien que está leyendo ni dónde le lleva, y eso, que cuando lo hace algún maestro, es es una ventaja añadida, en manos de quienes parecen menos interesados en escribir que en los videojuegos de la PSP y el modo de vida`indie-grunge´ -o yo qué sé cómo llamarlo ("Me aburro, me muero de asco, todo es una mierda menos mi chupa de cuero y la highway rectilínea que atraviesa el desierto de Nevada hacia Las Vegas en el que en cualquier momento se te puede aparecer un ovni." ¿No os suena a película mala de los 80 que ya habéis visto?)-, se convierte en un serio inconveniente, en un fragmentarismo pretendidamente vanguardista que solo se queda en ruptura sin motivo ni objetivo. Si creéis que soy muy duro, leed, por favor, la descripción de la personalidad colectiva que se les atribuye a estos pobres en la introducción de los críticos: es para denunciarlo en el juzgado de guardia (les pone de niñatos p´arriba, pero, eso sí, con buena intención...).
Ahora solo queda decir que al menos ellos escriben. Yo no. Cura de humildad para terminar.

miércoles, 8 de julio de 2009

Creadores infernales

Como puede que Dios sea literatura y falta el yang de este ying, ahí están los críticos literarios, escribidores infernales.
Anotación al margen: podría parecer que lo que yo hago aquí, a veces, en este blog, es crítica literaria; ni pensarlo. Doy opiniones como las daría en una conversación entre amigos, como quien charla sin más. No hay juicio sumarísimo en mis opiniones. No me erijo en poseedor del rasero medidor. Hablo desde mis sensaciones y abro las puertas a las de los demás. El crítico literario habla desde el absoluto de su profesión, como un Papa infalible, y argumenta lo que no es argumentable, hace ciencia matemática deducible de lo que es arte inefable. Dictamina y clasifica en taxonomías irrelevantes (¿Generación del 98? ¿Del 27? ¿Machado con Valle-Inclán? ¿Lorca con Guillén? ¿Hacemos un capítulo del manual dedicado a los autores medievales y juntamos a Berceo con el Arcipreste de Hita, a ver qué pasa?). En fin, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida... Y lo digo yo, que trabajo con (y por tanto, de alguna manera, vivo de) esas tablas periódicas de escritores que alguien enladrilló y que yo transmito, sin desempaquetar (porque no me dejan: ¿quién soy yo para alterar sistema alguno?') a mis alumnos, como me enseñaron a mí.
Bueno, a lo que iba y se me queda en el tintero. Un ejemplo de creación infernal de un par de críticos literarios: la nueva generación de escritores llamados "mutantes". Psicodélico, por decir algo. Continuará...

martes, 7 de julio de 2009

Dioses

Sí. Quizá la literatura sea Dios.
No es nueva la identificación del Ser Supremo con el escritor del libro de los destinos. Calderón lo vio como un director de escena (decisivo regidor a pesar del libre albedrío), Unamuno como un novelista al cual sus personajes apelan (oración). El Dios de la Biblia dicta el comienzo de la Historia, largas marchas errantes (y épicas) por el desierto y evangelios (líricos en su desnudez).
¿Dios escribe literatura? Sin duda. Dios escribe, sobre todo, poemas. Y cada ser humano (por oposición a Supremo, ínfimo) que decide escribir, es un poco Dios. O participa de Dios-literatura.
Dios-literatura, en efecto, porque si Dios "sólo" escribe es agente literario (¡Vaya con el juego de palabras...!), o sea, Dios-escritor, y la literatura es acción que lo sucede, condiciona y esclaviza (Dios estaría ahí para escribir), entramos en contradicción metafísica. Dios "también" es literatura. Escribe y es escritura. Como todo escritor: escribe y es escritura de Dios-texto. Si existe.
Vale. Hoy me he ganado el cielo.

lunes, 6 de julio de 2009

Gracias

Sinceramente, creía que estaba solo.
Y no: la semana pasada se me ocurre colgar uno de esos contadores de visitas en este blog, por saber si de verdad entra la gente a quien les comentas que tienes un blog y que te dice "A ver si le echo un vistazo un día de estos...". Simple curiosidad malsana. Y en apenas unos días, me doy cuenta de que hay ya ciento y pico visitas. Mucha gente que no conozco, sin duda, sumados a esos pocos a quienes personalmente les haya yo dicho que este blog existe.
Me siento abrumado.
Habrá que subir el nivel. Esto va más allá de unos simples apuntes o ejercicios de estilo. Estáis ahí. Ahora lo sé.
Solo me queda pediros que participéis, que comentéis, que sugiráis.
Gracias. Espero no defraudar.

jueves, 18 de junio de 2009

Perdidos

Y otro tanto con Perdidos. La variedad de antítesis, juegos lógico-lingüísticos fácil o difícilmente interpretables para el televidente (los "otros", la "isla"), tratamiento del tiempo (subyace Proust), alternancia de subjetividad individual y objetividad grupal, ambas incluyendo al espectador como testigo emotivo... Cien cosas más...
Todo ello es la base de una historia que trasciende el marco de la televisión normalizada y el del cine, con el que mantiene sutiles diferencias, y constituye lo que he llamado "televisión literaria", literatura no leída, no oral, lenguaje que parte de texto literario pero añade componentes que lo particularizan.
No se trata solo de calidad: hay series de calidad en las que no entran en juego estos factores. Es algo que va más allá. Esa es la cuestión.
Dejemos de identificar literatura y libros, escritor y escritura. Hay que profundizar más para entender qué es literario y qué no. Y puede que la literatura esté también en las series de televisión. O en todas partes... puede que sea Dios (!?).

House

En House las escenas se intercalan en busca de un juego de intensidades que hacen moverse el ánimo del espectador desde la identificación con el frío protagonista hasta la implicación personal en los sucesos afectivos que lo rodean. En un alarde de técnica narrativa, vemos la mente del doctor House funcionando sin necesidad de un narrador omnisciente o voz en off. Visualizamos metáforas sobre la ilusión-desilusión, confianza-desconfianza, esperanza-miedo... Se nos aparece el subconsciente del médico con forma de fantasma explicable que aporta caracterización. El amor adopta formas confusas que enriquecen las relaciones entre los personajes e influyen en sus acciones, y, así, en la historia.
Calidad 100%.
Una obra maestra que no hace falta leer.

Televisión literaria

Hablábamos de las series que tienen algo de literario, y decía yo que consiguen sensaciones literarias por la importancia de sus factores narrativos y estilísticos. Me explico.
Desde luego, estas series parten de un estudiado guion, que es, de por sí, texto puramente literario de género dramático; con particularidades técnicas pero ni más ni menos que eso. Toda representación televisiva tiene ese mismo comienzo, pero depende de su grado de literariedad, así será el resultado más o menos literario. Si el texto guionizado pasa de ser una mera indicación técnica, escenográfica y de diálogo (cosa a la que se limitan también las malas obras de teatro, a la altura de la televisión no literaria), y busca el desarrollo narrativo desde el estilo de contar y la recreación visual de las figuras literarias, entonces tenemos televisión literaria. Lo mismo que ocurre en el cine, pero con la dificultad añadida de articularse en un capítulo semanal.

TV y literatura

Mucho se habla de cine y literatura (es un tema clásico en los cursos de verano de cualquier universidad), pero menos se trata de las relaciones de esta última con la televisión. Como breve reflexión inaugural de esta nueva línea temática, hoy me pararé en dos series televisivas que tienen, en mi opinión, algo de literario: Perdidos y House.
Repito: tienen algo de literario; no son adaptaciones de ninguna obra concreta ni su base es libresca, al menos no de manera demasiado evidente, pero tienen ese no sé qué que llamamos literatura y que a veces se queda demasiado encerrado en la actividad de leer. Ni es literatura todo lo que se lee, ni la lectura es el ámbito único de la literatura...
Es cierto que House es una recreación de Sherlock Holmes, y los personajes de Perdidos remiten claramente a Robinson Crusoe, pero de ahí en adelante, todo es más difuso. ¿Por qué me parecen literarias estas series? Por la importancia de su factor narrativo y estilístico. Esa es la clave. Parten de factores propios de la escritura literaria y producen sensaciones paralelas a las de la lectura de una obra literaria.
Son literatura que no se lee, como los escritores que no escriben siguen siendo escritores.

viernes, 12 de junio de 2009

Libros de la Feria


Lo dicho: ayer estuve en la Feria del ganado escritor y publicante. Y, como dije, no molesté a ningún escritor que mereciera la pena. Encontré dos. Uno solo y callado, el otro departiendo distraído con un librero-editor condescendiente-servicial.
Os remito a sus libros. No los compré, pero lo haré. No los he leído, pero lo haré. No les pedí la dedicatoria, y no me arrepentiré de ello.

miércoles, 10 de junio de 2009

Feria de escritores

Mañana me acercaré a la Feria del libro. Es un rito anual.
Me gustan los libros, pero no las ferias. Todas tienen un eco de mercado de ganado. En este caso, el ganado son los escritores, expuestos (al calor y, la mayor parte de las veces, a una humillante soledad entre el tumulto) en esas casetas que son todas prácticamente iguales, por fuera y en su contenido. Librerías como panaderías o carnicerías.
Compraré algo, seguro. Pero si algún libro realmente me interesa, si hay algún autor que merezca la pena, seguro que ni me acercaré a hojearlo o a pedir dedicatoria, porque lo encontraré, al libro, de canto, disimulado entre lomos coloridos y plastificados, y al escritor, abstraído fumando o conversando con el librero como quien oye llover, y no querré molestarlos.
Si uno escribe un buen libro, tiene el derecho ganado de que, al menos, lo dejen en paz.

jueves, 4 de junio de 2009

No escritores que escriben

Le damos la vuelta al post anterior... ¿Cuánta gente se siente escritor sin haber escrito nada (o casi nada)? ¿Y al contrario? ¿Cuántos libros han sido escritos por gente que no piensa como un escritor? No es cuestión de pruebas palpables y documentables (cartesianismo radical: hay texto -no me atrevo a decir "literatura"-, luego hay escritor); no se trata de cuánto escribas, sino de vivir como si escribieras; no es que produzcas dos títulos por año y cobres tanto. Tiene más que ver con que sientas que escribes, incluso aunque no lo hagas.
Otro gallo nos cantara si lo que leemos lo hubiese escrito alguien con conciencia de escritor, no con formalidad profesional, cumpliendo plazos editoriales o atendiendo a su "target" (odio esa palabra...). Si leyéramos lo que alguien no ha escrito aún o no escribirá nunca, pero que pensó para ser escrito. Habría miles de borradores emborronados flotando en el aire, tirados en las papeleras de los parques, en los buzones... La mayoría no servirían para nada, como muchos de los títulos de las librerías, pero habría más posibilidades de encontrar oro.
Sería un poco como Internet ¿no?

lunes, 1 de junio de 2009

Escritores que no escriben

Soy de esos que siempre tienen que buscarle un porqué a todo. Si no sé por qué hago las cosas, me parece ridículo invertir el más mínimo esfuerzo en hacerlas. Y no se trata exactamente de motivación, sino de causalidad. Si algo no tiene causa, no encaja en mi esquema y ya está. Si no entiendo de dónde viene, no veo adónde va. ¿Cuadriculado? Llámame como quieras, pero incluso para dejarme llevar necesito una razón. Generalmente no va más allá de la conveniencia: si algo conviene, ya hay causa para arrancar. Otras veces, la cosa es más sutil...
Por ejemplo, este blog. Por qué escribo este blog. Esa es la cuestión, que diría el otro. No se trata de conveniencia pura y simple; tampoco es algo que nazca de la necesidad (que no es más que una forma de deseo, por otra parte...). La cuestión tiene filo: me he planteado este blog como un salvavidas para una parte de mí que se hundía. Me explico: de un tiempo a esta parte, el escritor que hay en mí (suena pretencioso ¿verdad? Lo es) ha dejado de hablarme, de pensar en párrafos y corregir sobre la marcha el estilo de lo que el diálogo conmigo mismo articula a cada segundo, a cada estímulo. Hace ya años que pienso como una persona normal (permítaseme otra vez la ínfula: nadie quiere ser completamente normal, ¿no es cierto?), y no como si lo que pienso fuese escritura, lo fuese a escribir alguna vez o no. Nunca he escrito nada que merezca demasiado el esfuerzo de leerlo (por lo menos la pena de releerlo), pero me sentía escritor porque mi cabeza escribía un invisible libro de corriente continua, que se quedaba en la inopia de mi propio pensamiento.
Ahora necesito algo como este blog, forzarme a pensar para escribir, o a escribir pensando, o a que lo que pienso quede escrito, o a que mi reflexión retome su texto. Quizá vuelva a ser otra vez un escritor.
Aunque no escriba más que retazos, quizá piense grandes obras. A mí me basta.