sábado, 23 de junio de 2012

¡¡¡¡23.000!!!!


Ya sabéis todos que este blog es un solitario bloc (de notas) abierto a quien quiera pasar por aquí. 
Mi pretensión no ha sido nunca la de la popularidad ni la de la macrodifusión. No. No va conmigo. 
Sin embargo, no puedo dejar de asombrarme con cuatro signos de admiración cuando, al cambiar de contador de visitas (porque el anterior me daba la impresión de funcionar bien: a veces incluso retrocedía...), veo que el registro de entradas que me muestra Google es de casi ¡¡¡¡23.000!!!! ¡¡¡¡Más del doble de las que creía!!!!

Me he quedao pasmao...

Cinco minutos después, empiezo a pensar que el contador que no da la cifra correcta es el nuevo. Debe de ser eso. Claro... Digo yo...

La muerte de los árboles


Nunca me había preguntado cómo mueren los árboles. Me suponía un lento caducar de hojas hasta la leñosidad final como un continuo envejecimiento. Había oído que los árboles mueren de pie y poco más...
Pero supe ayer que su muerte es una auténtica metáfora más allá de eso: mueren deshaciéndose inversamente por dentro. Se pudren desde el anillo central más joven, el último que vivieron, hasta el más externo y antiguo, el que les hizo nacer. De alguna manera, recorren lo vivido en sentido contrario, borrando el pasado más cercano y terminando por desvivir su nacimiento.
Terrible forma de morir.
Como la de esos ancianos dementes que se vuelven niños y nos ofrecen, paradójica, tras su apariencia gastada y ajena, su mirada infantil vacía; olvidan el nombre de sus hijos, no saben si es lunes o sábado... pero recuerdan, en un limbo de entresueño, el nombre de sus compañeros colegio o el de un gato que vivió en el altillo de la cuadra. Desvivir como forma de morir, sin ese componente de destino, ni de sorpresa (que siempre lo es, por mucho que se vea venir), ni de juicio final. Morir como borrarse. De la cabeza a los pies, y luego la mano que borra. Retrocediendo hacia el momento inicial, a tu madre, que te abraza y huele a ella y a ti; a tu padre, origen que un día descubrirás que llevas dentro, que eres él, como él fue su padre. Eliminarse. Sin nadie alrededor de tu cama llorando, porque no has nacido; como mucho estás naciendo en ese mismo momento en que te borras. El bigbang y el universo que se contrae y colapsa en un punto. Resultado: cero.
No quiero morir como un árbol.
Quiero recordar quién he sido y que estés a mi lado, hija.

domingo, 10 de junio de 2012

Saltos de página - Manuel Machado

Retomo esta vieja sección del blog en la que os colgaba imágenes de incunables, manuscritos, autógrafos, grabados, etc, de libros especiales.
En este caso, Manuel Machado por soleares populares de quereres y de andares (se la debo...):

(Por si no se lee bien: 
La veredita es la misma...
Pero el queré es cuesta abajo.
Y el olvidar cuesta arriba!)

jueves, 7 de junio de 2012

Malos poemas para rato

(Con permiso de Manuel Machado, que algunos de sus poemas no son malos y algunos de esos son hasta muy buenos.
Conste.)
Mis poemas sí son malos. No se trata de una captatio benevolentiae. Lo sé. Son malos. Unos peores que otros. He leído demasiados buenos poemas como para no darme cuenta. He escuchado demasiados versos con música interior como para no percibir que los míos, son, si acaso, un repiqueteo laborioso de pájaro carpintero con vocación de ebanista.
Por eso quiero daros las gracias a todos los que os habéis parado a leerlos en estas últimas (demasiadas, seguramente) entradas de este bog, que suele ser menos monográfico-profundo y busca algo de chispa en la prosa y algo de conciencia en el pensamiento. Sin más. (¡Cómo me gusta esa frase: sin más!)
No suelo sentir la necesidad de agradecer la lectura de mis relatos o reflexiones o comentarios o críticas o reseñas... La pregunta entonces es: ¿por qué necesito agradeceros que hayáis leído mis poemas? ¿Sentimiento de culpa por haber blasfemado a vuestros oídos? ¿Esa sensación que tengo de haberme desnudado y ser una vieja arrugada y acomplejada en una playa nudista colmada de apolíneos contoneos? ¿Esa impresión y cara de tonto que se le queda a uno cuando, con todas las carreras y estudios que quieras, un viejo te da por sabido algo evidente que da vergüenza admitir que no sabías (si viene el viento de allí es que va a llover, no recojas para leña los palos que no crujen al partirse...)? ¿Quizá la extraña idea de que escribir un poema (y que te lo lean) no es lo mismo que escribir (y que te lean) cualquier otra cosa?
No lo sé. Como no sé casi nada (que no soy tan orgulloso como Sócrates...). Pero gracias.
A lo mejor hasta me animo y os cuelgo más poemas. Tengo miles, aunque todos juntos no valen un pimiento... Parece una amenaza ¿eh? Ya veremos. Ese librito de Ni nos queda ya Paris, tiene segunda parte; "Cenizas mojadas" solo (?) es la primera... Todavía estás a tiempo de escapar, querido lector.

martes, 5 de junio de 2012

Ni nos queda ya París. Cenizas mojadas 8

Añoro tener frío,
estar rígido y seco,
desde que la humedad
dejó marcados tus besos,
derritió mis inocencias
y me abrasó entre tus senos.

Hibernaré y cuando despierte será
la primavera
pasada.

Resultas externa, infiel, concreta,
 y das a menudo la impresión
de las cenizas mojadas.


viernes, 1 de junio de 2012

Ni nos queda ya París. Cenias mojadas 7


El olvido que no llega...
Pendiente a cada rato de tu azar;
absorto en la aleatoria de tu voz
de tonos imprevistos...
Mirando al cielo por no verte venir...
Sentado ante el espejo para sentirme ridículo y
tal vez así...