miércoles, 30 de septiembre de 2009

Saltos de página - Lope de Vega

Ni mucho menos conservamos todas las comedias de Lope autógrafas (ni siquiera editadas). Lo prolífico de su obra y su velocidad creativa sorprende al más pintado. Sin embargo, observad la incólume elegancia de su letra en este manuscrito de una obra de ecos orientales poco conocida, La doncella Teodor, publicada por primera vez en 1617.

Todo tiene nombre 3

La reacción violenta del ladrón que descubre que su víctima no tiene nada. El enfado de la madre que ve cómo su hijo desprecia la comida que le ha preparado porque no tiene hambre. El fastidio del cirujano que concluye que no llegará a una cena con amigos porque tiene entre sus manos la vida de alguien que se resiste a seguir respirando. Se llama lógica del comportamiento humano.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Saltos de página - Flaubert

La redacción de Madame Bobary, obra publicada en 1856, fue para Flaubert toda una búsqueda de estilo y una difícil experimentación literaria, como el propio autor confiesa en sus cartas. No hace falta ir muy lejos para comprobar lo arduo de su escritura: aquí tenéis la primera página del manuscrito, plagada de tachones y correcciones. El genio duda.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Saltos de página - Machado

Hoy un fragmento de Proverbios y cantares, de Antonio Machado, manuscrito en cuaderno que se publicaría en las Poesías completas de 1917: "El ojo que ves no es/ ojo porque tú lo veas/ es ojo porque te ve".

viernes, 18 de septiembre de 2009

Al morir don Quijote

No es difícil escribir como Cervantes, ahora que Cervantes ya ha escrito. Y atreverse con una continuación del Quijote es sólo cuestión de inconsciencia. Al autor de El ingenioso hidalgo... se le ocurrió que "matando" a su protagonista evitaba otros Avellanedas apócrifos, pero se equivocó. La historia puede continuarse sin don Quijote.
La prueba, en Al morir don Quijote, de Trapiello, escritor solvente, con buen manejo de tramas y verbo, que aporta en esta secuela grandes dosis de respeto y de cariño por las criaturas cervantinas. Eso salva el libro. Lo que podría haberse quedado en un remedo de prosa y acción, respectivamente rechinante y morosa al principio, luego estilizada y sorprendente, se convierte en una novela jugosa, en una reinterpretación personal del universo del hidalgo manchego y su autor. Es fácil de leer, como fácil de leer es Cervantes. Y no se queda en imitación, aunque esta es la forma más sincera de homenaje, y el libro claramente lo es.
¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué pasaría con Sancho Panza tras la muerte de su amo? ¿Qué con Rocinante, el bachiller Sansón Carrasco, el ama y la sobrina, el cura y el barbero...? Si no tenéis imaginación suficiente, aquí va una alternativa posible.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El espíritu áspero

De Hidalgo Bayal ya leí hace tiempo La paradoja del interventor, obra recomendable, plena, sólida, con personalidad propia; ahora, con El espíritu áspero, no queda otra que reconocerle como maestro, como uno de esos escritores que figurarán en los libros de texto dentro de unos años (aunque, todo sea dicho, eso no es ninguna garantía de calidad: la historia la hacen los que vencen y la batalla de la literatura actual aún no se ha librado, ni sabemos si la ganarán quienes escriben de verdad, desde dentro, o, quizá, otra vez, quienes juntan letras y declaman; casi siempre ganan los segundos...).
Se trata de una historia de fondo previsible pero plagada de sorpresas que enriquecen el cuadro y resuelta con un estilo que a veces suena a Cervantes, en ocasiones a Delibes, a Baroja... Es la autobiografía indirecta (autobiografía de segunda mano, de la que Bayal se hace portador) de un viejo profesor de latín, cuya personalidad está marcada por vínculos indelebles con su medio rural originario y que vive en propia piel la evolución de la España del siglo XX. Se proyectan sobre ese fondo los contornos de constantes disquisiciones filosóficas, ideológicas y lingüísticas, propias de quien no ve, sino que observa y analiza, a todos los niveles, la realidad circundante.
Es un libro de literatura y de sabiduría. Es a la vez narración y pensamiento. Y es lenguaje en desarrollo: juego recurrente con la relación entre las palabras y su semántica, su etimología, la lógica de su morfología (que es a la vez la lógica de su significado relativo; al menos desde el nominalismo cotidiano).
Canela fina. Para los degustadores y quienes quieran aprender el arte de la cata literaria.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Saltos de página - Mozart

A nadie se le escapa que la literatura es un estilo de música, o, si se quiere, la música un género literario.
Esta vez os dejo una partitura manuscrita de Mozart, de la Sinfonía Concertante para violín, viola y orquesta, de 1779.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Absolutamente nada 4

Mientras te esperaba he estado pensando en cuánto me gustaría no tener que hacerlo. No porque estuvieras aquí antes que yo, sino por la poca ilusión que me hace que llegues. Me he descubierto a mí mismo deseando que tardaras un poco más para poder acabar el cigarrillo en silencio. He imaginado lo libre que me sentiría si puediera salir a la calle y decidir en la misma puerta en qué dirección caminar, y empezar el paseo sin saber hacia ni hasta dónde; sin el punto fijo de destino que eres tú, aquí. Todos los días a la misma hora.
Son muchos años ya (¿años ya?). Un beso, qué tal, oírte contarme tu día y suponer el mío. Es bueno que uno de los dos hable, si no para qué. Y, aunque tú hables, para qué. A las nueve otro beso, adiós o sexo de diario o duermevela de fin de semana. Luego, me vuelvo a mi casa. Y tú, ya sola, te haces un café que te libera, y yo, cruzando las avenidas, cambiaría tu cabeza por la sonrisa de Salomé.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Absolutamente nada 3

Pero si de verdad te quieres suicidar, no saltes del puente al río: el agua amortigua la caída. Y aunque ya sé que no sabes nadar, habrás oído que los animales, como eres tú y lo soy yo -no lo olvidemos-, tienen el institnto de hacerlo. Más de uno, en el último momento, ha alcanzado sin querer la orilla a brazadas limpias.
Si de verdad quieres acabar, olvídate del veneno; muchos lo vomitan en un acto reflejo. Y del corte en las muñecas, porque el dolor te hará desistir antes de profundizar lo suficiente. Tampoco es buena idea tomar pastillas sin asegurarse bien de la dosis, sin conocer el tiempo que tardarán en actuar, sin prever posibles efectos secundarios que pueden acabar contigo en el baño, descompuesto, o en urgencias, con irritaciones cutáneas que te harán sufrir más de lo que te trajo hasta tu desesperada decisión, y además sin culminar el propósito. Ni pensar en la horca, que es un artefacto más complejo de lo que parece, e incluso los verdugos profesionales prueban varias veces el aguante de la soga y la brusquedad medida de la caída; resulta difícil que salga bien al primer intento. Y en esas circunstancias no está uno para ensayos. ¡Sólo faltaría! Querer morir y tener que planificarlo; como si fuese un asesinato. Un suicido, o es un arrebato o debería llamarse de otro modo...
Si quieres ser efectivo en tu irrevocable decisión de morir, vive de verdad. No es broma. Salta al vacío y enamórate: te ahogarás en lágrimas; apura de un sorbo el trance de la muerte de los demás; córtate con el filo de la nada absoluta y desángrate en el vacío mientras te doras la píldora de tu propia vacuidad; y cuélgate del péndulo del paso del tiempo, para que en un par de oscilaciones llegue ese final inefable que nadie te puede asegurar que vaya a ser plácido.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Absolutamente nada 2

Todo está tristemente medido: cuánta luz puede entrar por tus ojos, el número exacto de caricias que admite tu piel, las veces que perderás el autobús, cuántos besos te darán, la totalidad de tus pasos y los pares de zapatos que vas a gastar, la suma total de los coches con los que te vas a cruzar por la carretera mientras conduces, tus suspiros, la cuenta del dinero que ganarás y gastarás, las veces que cogerás en brazos a tus hijos, las que mirarás el reloj, las que dirás buenas noches, tus penas, el tiempo que vas a perder.
Alguien sabe con rigor en cuántas fotos saldrás, cuántas palabras vas a pronunciar, el sinnúmero de las células que te componen, el infinito de veces que vas a perder la mirada, todas y cada una de las melodías que escucharás.
En alguna parte consta todo inventariado al detalle: cada uno de tus actos, de tus componentes, de tus límites.
Lo paradójico es que en un segundo concreto de ese listado previsto todas las cifras de la cuenta atrás coincidirán; todos los cálculos se cerrarán en un punto. Cuando hayas completado la profecía matemática, volverás a ser solamente cero.
(O no. Podría seguir la cuenta: el número de personas que visitarán tu tumba, la longitud que alcanzarán tus uñas y tu pelo antes de pudrirse, el momento exacto en el que reventarán tus ojos las puses de la descomposición, los segundos o milenios que durará tu muerte...)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Absolutamente nada 1

No siempre he estado muerto. Aunque tampoco he sido de los que saben vivir. Es cuestión de expectativas: por un lado están quienes entienden que merece la pena el aquí y el ahora; otros pensamos que sólo hay pasos de los que no va a quedar ni la huella. Visto así, no sé si un optimista está mal informado, pero parece claro que un pesimista tiene mayor amplitud de miras. Y yo no siempre lo he tenido tan claro. No siempre he estado muerto.
Puedo nombrar pero no recuerdo las sensaciones: una canción, un abrazo, un trago de licor... Carcajadas. La playa vacía. La cabeza embotada al salir del cine. Saber que alguien te espera o aguardar a alguien que sabes que llegará. Los pliegues de una camisa nueva. La explosión al morder una naranja. Hielo. Las gotas de lluvia que golpean el chubasquero. El ruido de descorchar un vino.
La muerte no es más que un cambio interior. Te das cuenta cuando ya no hay forma de volver a ser ingenuo. Observas que los que sonríen no lo hacen de verdad, pero los que lloran sí. Y los que odian...
El odio es puro y denso.
Odiar es sincero.
Los muertos pueden seguir odiando. Como te odio yo a ti por haberme matado así, con tu mejor sonrisa condescendiente y un poco de prisa.